Antes (día 11) El “efecto mamita”

Posted on 30 julio, 2011

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Viernes 29  de julio… faltan 11.

Desperté, comí y terminé el día con el “efecto mamita”.

Mi mamá, -como ya había mencionado en anteriores entradas- es la persona que más efecto tiene en  mi (en todos los sentidos), y no porque mi papá no lo tenga, -pero como también ya lo había dicho- con él, la relación siempre ha sido diferente, de alguna manera mucho más relajada.

Desde niña, siempre… si me portaba mal, a quien le tenía más miedo que me regañara, era a ella.

No sé de qué manera me pedía que hiciera o no hiciera las cosas… que siempre, estaba con la sosobra de no cumplir adecuadamente sus instrucciones.

Algo que no le gustaba, era que hubiera cosas abajo de mi cama… zapatos, juguetes o cualquier objeto… y si era así, pasaba con el palo y la jerga jalándolos abrúptamente.

Casi no subía a mi recámara… pero cuando lo hacía, yo siempre tenía la angustia de que las cosas estuvieran en su lugar para que no se enojara.

En fin… son pocas las ocasiones que recuerdo que en verdad se haya molestado enormemente, al contrario, siempre para mi hermano y para mi, su máxima preocupación en la vida (de ella y de mi papá) era nuestro bienestar y que tuviéramos todo lo necesario para realizar nuestras labores, ya sea de la escuela o de juego… el lema de mis papás -para nosotros de niños- siempre fué: “su único trabajo es la escuela”… así que prácticamente lejos de hacer las tareas, estudiar para los exámenes, sacar dieces y jugar… no hacíamos nada más.

Les agradezco enormemente a mis papás todo el amor y esfuerzo que hicieron para que nosotros creciéramos y viviéramos felices. Considero que tanto mi hermano como yo, cumplimos cabalmente con nuestro “único trabajo”… cumplimos con las tareas, sacamos dieces, nos titulamos y somos responsables, gracias a ello.

Las labores domésticas, evidentemente nunca han sido nuestro fuerte… nos cuesta mucho trabajo hacerlas, pero en definitiva tarde que temprano se llega el día, en que las haces… o se queda así la cosa… porque ya no se hacen “mágicamente”.

Hablando de ésto, yo no sé si éste fue un efecto generacional o ¿qué?… pero esta misma situación la han vivido otros contemporáneos, vivíamos con el “bote mágico” de la ropa sucia, ese en el que echabas la ropa que habías utilizado y “mágicamente” aparecía lavada y planchada en el clóset, también había otras cosas “mágicas”, en mi caso, el tendido de la cama, la casa limpia, la comida calientita, los juguetes, los útiles, las diversiones.

Pero en definitiva, con el tiempo tenemos que convertirnos en los “magos” y no solo disfrutar de los “trucos”… ahora nos toca hacerlos.

El amor de mis papás siempre será incondicional e ilimitado, en especial el amor que mi mamá (con la extraordinaria ayuda de mi papá) nos ofrece y nos demuestra con sus comidas deliciosas… que amorosamente nosotros hemos bautizado con el “efecto mamita”… ¿porqué, efecto mamita?, porque es tan rico, que no puedes parar de comer y si no conoces tus límites… al final el “efecto mamita” solo puede ser solucionado con un poco de gengibre o unas “burbujitas Picot”.

Hoy fue un difícil comienzo en mi día, ya que desperté de una terrible pesadilla… en ella perdía a mi mamá para siempre, ni siquiera me atrevo a escribirlo… es decir, trascendia esta vida y pasaba a otra, lo peor es que justo en el momento en que ocurría yo lo sentía y lanzaba un grito terrible, fue tal la angustia y la desesperación, que en verdad emití ruidos, hasta que mi amorcito, me tuvo que despertar.

Después de eso, que fue tan real… me dí cuenta que en mi sueño la angustia mayor, evidentemente después de saber que ya no iba a estar conmigo, era el saber que no le había dicho de suficiente manera, lo mucho que la quiero, lo mucho que la amo, el darle todas las gracias por el gran amor que siempre nos ha dado, lo importante que siempre ha sido para mi.

Gracias a Dios, fue un sueño y hoy más que nunca tengo la oportunidad de decírselo y sobre todo demostrárselo.

Y justo hoy, que fue día de comer con ellos… cuando estaba reservando el momento adecuado para decirles muchas cosas lindas… “ding, dong” suena la puerta… era mi tío, con mis tías y mi prima… cosa rarísima, porque en casa de mis papás casi no existen las visitas.

La verdad es que a mi desde niña siempre me han gustado las visitas (justo porque era muy raro tenerlas), así que en ésta ocasión no fue la diferencia. Nos encanta platicar con mi tío, es yo creo el tío “consentido” de mi mamá (su hermano chiquito), y de alguna manera… de nosotros también, es muy amoroso, cariñoso, fraternal, caritativo, en fin… ocurrente, divertido y muy buena persona.

Como llegaron justo cuando estábamos comiendo… se sentaron a la mesa a compartir con nosotros, los ricos frijolitos refritos que hace mi mamá, y un poquito más de los ricos chilacayotes en pipián que también estaban en la mesa, “no queliendo, no queliendo” uno no se puede resistir… por más que uno llegue sin hambre, siempre termina uno “echándose” más de un taquito… pero que se me ocurre contar un chiste -que nos contaba mi abuelita- aludiendo la situación (…era una familia de inditos y llega de imprevisto un señor justo en el momento en que estaban comiendo, le ofrecen amablemente un taquito, pero el se rehúsa, ellos insisten y el acepta… después de un rato el niño indito -que observaba toda la situación- dice: “¡no queliendo, no queliendo y ya van tleinta tacos que se tlaga!” ¡ups!), todos soltaron la carcajada, hicieron comentarios chistosos al respecto, en fin… yo lo conté porque mi tío es muy alivianado, pero… y aunque parezca ridículo, me siento súper culpable, porque para mi mamá no hay peor cosa, que el pensar que puede hacer sentir mal a quienes comparten con ella, y menos a mi tío, y menos porque era en relación con su comida.

En fin… ahora me explico, porqué me desperté, comí y terminé el día con el “efecto mamita”… lo inicié con una terrible pesadilla, valoré que la tengo a mi lado, pensaba decirle de manera especial cuánto la quiero a ella y a mi papá, comí sus esquiciteses, la hice sentir abrumada con mi chiste y al final yo me dormí sintiéndome culpable de haberlo contado.

Mamá te amo, gracias por estar a mi lado en cuerpo, corazón y mente… en verdad todas tus oraciones siempre están con nosotros.

PD. ¡Ah!, pero gracias a mi abrupto despertar… nos levantamos a las 6:00 y antes de las 7:00 de la mañana ¡ya estábamos corriendo!, súper mañana en el entrenamiento.

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