Y yo que pensaba, que los adultos lo sabían todo.

Posted on 27 diciembre, 2011

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Cuando era niña pensaba que los adultos no se equivocaban, que lo sabían todo y también pensaba -con certeza y con ilusión-, que cuando fuera adulto, ya lo iba a saber todo y que nunca me iba a equivocar… ¡ah!, pero irónicamente, ahora que soy adulto me doy cuenta de qué equivocada estaba, ¿no?, perdón por la ‘cantinfleada’, ja, ja.

Ahora que soy adulto y veo a los de mi ‘especie’ -contemporáneos, más grandes o menores que yo- a mi alrededor, me doy cuenta que cuando están con los niños, muchas veces no saben ¿qué hacer o qué contestar?, sin embargo lo que hagan o contesten, en el momento en que todavía son los héroes de los niños, éstos se lo creen, (¡wow!, si qué es una responsabilidad ser adultos), incluso aunque no se trate de poner el ejemplo o la respuesta a alguien más, el hecho de decidir cada una de las acciones que vamos tomando en el día a día, afrontando sus respectivas consecuencias, no es cosa sencilla, nos damos cuenta que no lo sabemos todo y que es más fácil equivocarnos de lo que creíamos.

Los adultos que ya lo eran cuando fui niña, seguramente también se equivocaron y no lo sabían todo, sin embargo en su momento, sus respuestas o sus acciones, fueron las que mejor consideraron para mi, resultaría fácil pensar, que tal vez yo lo habría hecho de otra forma… sin embargo en ese momento yo no era el adulto, solamente era la niña que aprendía y veía a sus mayores como unos héroes que lo sabían todo, que no se equivocaban y de los cuales tenía yo que aprender.

Recordando aquella época, a veces me pregunto, ¿cómo es que de niña? podía arrojarme del primer piso de mi casa -sin dudarlo-, a los brazos de mi papá, que estaba unos dos metros aprox., ‘cuesta abajo’… fácil, no tenía temor y tenía una confianza ciega en mi papá, pero sobre todo en mi.

A mi papá siempre lo vi como la persona más fuerte, que tenía una respuesta para todo lo que le preguntaba, que sembró en mi la confianza necesaria para realizar todo lo que me propusiera, que no había límites para llevar a cabo mis sueños, mi héroe, mi maestro.

Gracias a eso, siempre creí de niña, que si quería, podía subir un cerro sin parar hasta llegar a la cima… no pensaba en todo lo que implicaría, solo pensaba en alcanzar la meta, obviamente nunca se me presento la oportunidad de hacerlo, así me hubiera dado cuenta de que no era tan fácil… pero es como si el primer día en que entré al kinder me hubiera puesto a pensar que para titularme de la licenciatura faltaban ¡20 años!, en el mejor de los casos, sin reprobar, ni nada… eso sin contar los años extras de alguna especialidad, si así lo hubiera querido, definitivamente lo hubiera visto como una hazaña inalcanzable o súper difícil, seguramente no lo hubiera disfrutado tanto y lo estaría padeciendo sin apenas haber comenzado, ¿les suena?, ¿será acaso esa una ‘terrible’ característica de ser adulto?

Ahora que lo soy, debo permitir equivocarme, aprender a perdonarme y saber que ser adulto no significa infalibilidad, no, al contrario… estamos mas susceptibles de equivocarnos, pero de igual forma de reivindicarnos… sin embargo cuando somos adultos, en lugar de hacer como cuando éramos niños, soñar en que podemos ser astronautas, policías, bomberos, caernos, levantarnos y ya… preferimos “tirarnos al drama”, y después de un rato, recuperamos el camino, pero aveces esa caída puede quedarse con nosotros el resto de nuestras vidas… o ya no soñamos, por todo lo que implicaría convertir esos sueños en realidad.

Amo a la niña que fuí, valiente, cariñosa, soñadora, juguetona y sobre todo sin prejuicios, ni temor… seguramente sigue ahí esperándome, y aun ahora sigue viéndome como su héroe adulto, ¿realmente he logrado realizar los sueños de mi niña?, ¿las cosas que yo quería cuando fuera grande?… pero, ¡claro que si! y todavía nos faltan muchos sueños por realizar, por compartir… así que no estaría nada mal reencontrarnos con lo que fuimos hace muchos, muchísimos, pocos o algunos años… dense la oportunidad de acordarse cómo eran y cómo soñaban… así que me digo a mi misma… si alguna vez soñé que podía subir corriendo cualquier cerro, si así me lo proponía y sin parar, incluso sin cansarme… se lo cumpliré a mi niña y me demostraré que puedo hacerlo, y si no puedo lograrlo de un tirón y sin cansancio, también está bien porque no me estoy limitando, lo estoy intentando.

Tengo toda una cordillera de cerros y montañas que escalar… por lo pronto la primera que enfrentaré será de 8K para mañana, y los correré como si fueran los últimos… en una de esas, hasta mejoro mis propias marcas, comprobando que el cuerpo no tiene límites, la mente es la que los crea.

También aprenderé a ser mas condescendiente con los adultos de mi presente (iniciado por mi misma), con la consciencia de que se pueden equivocar, que no están obligados a saberlo todo -nunca dejamos de aprender- y que por lo tanto, no debo juzgarlos con tanta dureza, pero sobre todo a los de mi pasado, que fueron y siguen siendo mis héroes y mis grandes maestros.

Así que a correr y a escalar… que como dice una frase: si puedes soñarlo, puedes lograrlo.

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