¡Lo logré, al fin maratonista!… pero tuve que pagar el precio.

Posted on 6 septiembre, 2012

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Tengo miedo de escribir, porque temo que al no querer ser tan extensa me quede corta y al tratar de ser tan específica quede tan grande que hasta flojera les de el terminar de leer mi entrada… en fin, será lo que tenga que suceder y pues aquí va mi historia.

El lograr terminar por primera vez un maratón, está más que escrito por aquí y por allá que es una hazaña increíble, un logro del hombre sobre su propia voluntad, el día que todo corredor espera ansiosamente después de meses y meses de entrenamiento… y pues sí, así es.

Podría contarles la historia emotiva, conmovedora, hasta traumática de aquellos que a la mitad quieren claudicar y vallan ustedes a saber ¿de dónde? sale esa fuerza increíble que te hace terminar… y pues sí, así pasa.

Pero en realidad lo que yo quiero contarles, es el precio que hay que pagar por hacer o no hacer, que cada causa tiene su efecto, y en el maratón, valla que sí me las cobraron todas juntas.

Año y medio (más o menos),  duró esta aventura, entrenamos para un 5K, un 10K, después para 21K y por último para la ansiada meta, la distancia del maratón 42.195 K,  y como protagonista de la prueba final el Maratón Internacional de la Ciudad de México (MICM), traducción, el pasado domingo 2 de septiembre, fue el gran día en que me enfrenté paso a paso con esta mítica distancia.

Estaría padrísimo contarles mi historia de éxito, que fui una guerrera implacable en las pistas, que vencí todas las batallas contra el despertador y mis cobijas calientitas, que las medallas vinieron una tras otra y que al final el cruzar la meta en el MICM fue una historia de satisfacción, alegría y pura felicidad y sobre todo de orgullo. Pero no, en éstos meses de entrenamiento me dí cuenta que el plantearte una meta, cualquiera que ella sea, evidentemente requiere de muchísimo esfuerzo por alcanzarla y sobre todo estar completamente enfocado en ello, lamentablemente ahora tengo que aceptar que yo no lo estuve al 100, me consentí muchísimo, falté inumerables ocasiones a los días en que tenía que ir a correr, nunca pude hacerme amiga de las subidas y las abdominales;  a pesar de que con todo y todo veía efectos en mi cuerpecito… ¡sí!, al final podría decirse que bajé como unos 8 kilos, evidentemente me pude volver a poner los pantalones que hace mucho no me entraban, comía y comía y como si nada.  Pero como les dije,  el hacer o no hacer siempre trae sus consecuencias.

Gocé enormemente los días previos al MICM, nos sacamos fotos inolvidables en el metro, en la expo, el día de la carrera; por cierto en éstas últimas quiero hacer una mención especial a nuestros dos pequeños que hicieron el SATO&Rally, que se aventaron toda la ruta entre caminatas, ecobicis y metro, para hacernos toda nuestra memoria fotográfica. En fin, como les iba contando, gocé y gocé todos éstos momentos, los preparativos  a la cinco de la mañana, el estar en los corrales de salida, corear la cuenta regresiva, escuchar el disparo, estar tomados de la mano mi esposito y yo… ¡Arrancar!

Me había imaginado muchísimas veces éste momento, la ruta entera.

Con todo y mi falta de dedicación, si había hecho entrenamientos de distancia, había completado el medio maratón del día del padre (que no es nada fácil y que según la leyenda urbana dice, que si lo terminas estás listo para completar el MICM),  le dí la vuelta completa al circuito dominical de fin de mes con sus 32K (con todo y sus puentes) y para rematar, quince días antes, habíamos concluido la carrera de adidas 16K en una ruta super demandante en la segunda y tercera sección de Chapultepec.

Jamás pensé que el pánico escénico se apoderara de mi y por ahí del kilómetro 17, fué el primer momento que me quise parar, pero logré vencerme y pensar en todas las cosas que había dejado de hacer, para bien y para mal, ya que por poner en prioridad a las carreras dejé de lado un montón de actividades que también eran importantes para mi vida, por lo tanto, lo menos que podía hacer era completar esta pruba de la mejor manera posible: ¡corriendo!… pero irónicamente, también dejé de hacer un montón de cosas en el entrenamiento, que eran las adecuadas para tener un mejor resultado. ¡Grave error!, el ponerme a pensar en todas esas cosas justo en ese momento… en lugar de disfrutarlo, de saber que podía hacerlo, sufrí de parális por exceso de análisis.

A pesar de estar pasando por esa pésima situación, mi motor fue el saber que mis papás nos esperaban en alguna parte de la ruta, que nuestros fotógrafos estrella nos aguardaban con los tiempos que según nosotros les habíamos marcado. Sin embargo y por más que trataba de hacer las cosas mejor, llegando a la glorieta de las Cibeles fue la primera vez que paré para comenzar a caminar, luego retomé el trote y volví a pararme por el Parque España… gracias a que nos encontramos a nuestros fotógrafos, corrí de nuevo (porque obviamente no quería salir en las fotos caminando), pero en verdad ya no quería hacerlo, luego en Revolución el asunto se fue poniendo peor, porque después de atravesar Viaducto, simplemente caminé, me había vencido a mi misma en negativo.

Insurgentes fue la misma historia, con la diferencia, en que cada grito de apoyo, lo sentía como un golpe profundo en mi alma, en mi falta de voluntad, en mi falta de coraje, en que ya no quería seguir, en que Toño estaba enojado y desesperado conmigo, sobre todo desconcertado.

El momento emotivo dentro de mi autodrama, fue el ver a mis papás en la glorieta de Insurgentes; comenzaron a caminar a nuestro lado, nos recibieron como si las más de dos horas de retraso nunca hubieran existido y vinieramos frescos como lechugas, nos echaron porras, nos dijeron que ya faltaba poquito y que nos acompañarían pasito a pasito hasta el final… y así lo hicimos hasta llegar a Reforma, no sin antes comenzar a ver a los corredores que ya venían de regreso, con todo y sus medallas colgadas al cuello, en ese momento sentí la estocada final a mi orgullo… dije, ¡no puede ser!, al menos éstos últimos 4K los tenemos que terminar corriendo, así que nos despedimos de mis papás, les dimos besos y a correr, poco a poco, retomando el paso hasta lograr comenzar a rebasar un corredor, tras otro. En ese momento los ánimos de los que ya venían de regreso, los tomé como lo que eran, ¡ánimos!, fortaleza para llegar, y sí, la meta ya estaba cerca, yo podía hacerlo… nos agarramos de la mano los últimos metros y al fin ¡cruzamos la META!, una hora más de lo planeado.

El sentimiento fue totalmente diferente a lo que me había imaginado, estaba feliz, pero también me sentía triste conmigo misma, sentía que en mucho esa medalla no me la merecía del todo.

Fin de la historia.

Ahora tengo dos caminos, decir ¡basta ya! esto no es lo mío, me rindo… o decir, ¡lo hice!, lo conseguí, bravo, bravo, no me rendí y completé la distancia de principio a fin, lo puedo hacer mucho mejor, fue una lección enorme… que es padre soñar, planear, pero es más padre el cumplir al 100, porque al final la recompensa será aun mejor.

Tuve que pagar caro el precio de mi procrastinación, pero sobre todo el de mi miedo, la terrible autosugestión, el reto era comenzar y terminar el maratón pero ¡corriendo! y no lo hice… solo cumplí la modalidad de comenzar y terminar.

Así que mi conclusión sería, en este momento se acaba éste capítulo de año y medio que lo podría titular: “Mi camino de cero a 42.195K”. Conocí todas las distancias intermedias, crucé metas, gané medallitas, sonreí para la foto, terminé la distancia de un maratón, pero ésto todavía no se acaba, literalmente el asunto apenas está de nuevo por comenzar, ahora le doy vuelta a la página y el capítulo se llamará: “Adiós procrastinación”. Yo puedo, puedo superarme, vencerme a mi misma y ahora sí empezar y terminar corriendo el siguiente ¡Maratón!

Quiero decir que me quito el sombrero ante todos aquellos corredores, que no importa que pasen 6, 7 o más horas y al final llegan a la meta, para nada quiero tener una historia de soberbia, la diferencia es que en mi caso, yo sabía que la razón por la que me tardé más de lo esperado no fueron por razones físicas y que de haber tenido mejores pensamientos, creo que la historia hubiera podido ser diferente, sin embargo para  los que creemos en que las cosas suceden en el momento y tiempo adecuados, quiere decir que para mi este momento fue perfecto, para saber que lo logré pero que todavía hay mucho que dar y que hacer. Para terminar, también ofrezco mis pasos a aquel corredor que después de cruzar la meta no lo pudo soportar más y fue el último evento en su vida.

Al final los tiempos son tan relativos, porque en verdad cruzar la línea de meta después de 42,195 metros recorridos, ¡wow! se siente la mismísima gloria para el primero que para el último que lo hace. ¡Todos somos unos ganadores!

PD. Esta nueva entrada tendría que haberse también llamado ¡lo logré, al fin regrese a escribir en mi amado blog! Porque después de haber pasado un poco más de dos meses desde la última entrada, ¿pues qué les digo? todo tiene un precio y hay que pagarlo, espero que el único lector que me seguía no se haya aburrido de tanto esperar y me haya dado ‘cranky’… ni modo, tendré que seducirlo nuevamente, llamar su atención con lindas palabras y conseguir que regrese a mi. Ja, ja, ja. ¡Vuelve lector, no me dejes solita, please, please!

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