Cuando el motivo ya no importa y termina siendo una agradable consecuencia… (Bajar o no bajar de peso, ¡eh ahí la cuestión!)

Posted on 29 septiembre, 2012

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En realidad yo nunca he sido muy deportista que digamos, más bien caigo en la categoría sedentaria; es más, si me dieran a elegir un animal con el cual me identifico, sería o un oso o un gatito, ja, ja… el primero por aquello de la hibernación y el segundo por las mega-siestas que se avientan, adivinaron ¡me encanta dormir!

Como toda niña ochentera me encantaba jugar a las ‘trais’, stop, quemados, la cuerda y hasta el resorte, ¡ah!, también me gustaba mucho andar en bici… sin embargo siempre fueron actividades para la hora del recreo, la bici era únicamente para andar en la banqueta, afuera de la casa, ¡sí! no me dejaban bajar y lo peor era que mi circuito solo eran 10 casas a lo largo; con todo y que  solo cruzando la avenida teníamos el Bosque de Aragón (cuando todavía no tenía rejas y podías entrar y salir por dónde y a la hora que querías). En fin, en realidad en ese momento nunca lo reflexioné de ésta manera y me divertí mucho al lado de mi hermanito, dando vueltas y vueltas, sobre la banqueta.

Al crecer un poquito más, ya por ahí de los años de secundaria llegó el basketball a mi vida, y no había descanso en la escuela, que no lo aprovecháramos para jugar… me acabé un montón de suelas, hasta el punto de sacarles hoyos, sudaba un montón y llegaba a la clase de matemáticas como jitomate, pero no me importaba. En mi casa, ya nos dejaban bajar de la banqueta (¡valla!, hubiera sido el colmo que no) y a la bici le añadimos, jugar beisball y hasta tenis -por cierto- al final el juego se convertía en tratar de sacar las pelotas voladas de los patios en las casas de los vecinos sin tener que tocarles, ¡sí!, hasta teníamos un palote hecho con varios palitos amarrados, que nos servía como nuestra caña de pescar pelotas, ja, ja, ¡qué loco!, eso sin mencionar, que aveces ocupábamos los servicios de un niño, que era tan chiquito y tan delgadito, que podía entrar entre los barrotes de las puertas… y eso que de edad, era nuestro contemporáneo, ¡oh por dios! :O

Pero, ¿porqué les cuento todo ésto?, porque en aquella época el ejercicio, era por diversión, sin un fin determinado, lo padre era que comías lo que querías y estábamos en forma, en aquella época no recuerdo para nada la presión social por estar ‘espiritifláutica’… ni siquiera en secundaria.

El problema llegó al entrar a la prepa (¿por la presión social?, ¡nooo, para nada!), porque aunque seguí un tiempo jugando basket, también llegó la época en que las uñas largas aparecieron en mi vida, y pues ¡obviamente! el deporte no era nada glamuroso, comparado con mis uñas de colores fluorecentes y súper largas, ¿no? Así que abandoné el ejercicio, salió de mi vida, más no las siestas y el comer todo lo que quería… ¡ups! Bueno, lo que si seguí haciendo ya de muy de vez en cuando era salir a andar en la bici, al grado de que mi primer novio lo conocí gracias a ésto, él en patineta y yo en la bici, ¡ay que tierno, qué deportivo!, sha-la-la-la-laaaá.

Afortunadamente mi genética fue benevolente y no me desparramé tanto, je. Sin embargo al llegar a la universidad, el deporte, la bici y cualquier cosa ajena, a los restiradores, papeles, estilógrafos, escuadras, cutters y demás, ¡desaparecieron por completo de mi vida! Evidentemente los efectos del sedentarismo se fueron haciendo cada vez más evidentes, al punto de que con mi mejor amigo, broméabamos en que deberíamos haber elegido otra carrera, la opción ideal era Educación Física, de ésta manera nos dedicaríamos sólo a nuestro cuerpo y estaríamos ¡ufff!, en cambio, nuestra mejor amiga se burlaba de nosotros, ya que ella, tan pronto entramos a la carrera comenzó a adelgazar y adelgazar, mientras nosotros dos comenzamos a subir y subir…

Mi amigo fue el primero en tomar una decisión al respecto, ya casi al terminar la carrera se metió al gimnasio, cambio de actitud y bueno… literalmente ¡el cuerpazo!, mientras tanto yo, seguía pensando en que ‘sería bueno’ hacer algo al respecto, pero mientras pensaba, yo comía y seguía tomando siestesitas, no pues así, si que iba a tener efecto.

Cuando comencé a trabajar, era evidente mi preocupación con respecto a mi físico, la vanidad estaba en su máximo esplendor, pero igual seguía pensando en que ‘sería bueno’ hacer algo al respecto, pero mientras pensaba, yo comía y seguía tomando siestesitas, ¡¿?!

Mi hermano ha pasado por épocas de Sport Billy y en una de ellas, me invitó a correr al Bosque de Aragón (sí, ese que teníamos enfrentito de la casa y al que nunca íbamos), me dijo que no dejara de correr aunque sintiera que me explotara el estómago, que yo siguiera, que la mente era más fuerte que el cuerpo, ¡sí, cómo no! (sobre todo sin entrenar), ni siquiera pude hacer 100 metros, cuando ya sentía los efectos de la exploción en mi estómago, mi hermano me decía, ¡sigue, sigue!, yo seguí… pero evidentemente a los pocos metros dije ¡basta! Desde aquel entonces jamás he puesto un pie para correr en el Bosque de Aragón, jamás pero jamás le he dado una vuelta completita a su circuito de 5K.

Hasta que conocí al mejor compañero que he tenido en mi vida, compañero de trabajo, compañero de viaje, compañero de todo, ¡mi esposito!, confidente, amigo, couch. Cuando éramos amigos nada más, yo le contaba de mi trauma con el peso y con el no dejar de comer (jamás estuve hecha para las dietas), el me decía, no te preocupes, no hay problema, ¡muévete! y sí no, ¡no te quejes!, fué así como tomé la grandiosa decisión: ¡dejé de quejarme!, ja, ja.

Acepté mi situación, no luché nunca más con mi peso, y pues era una ‘pachoncita’ feliz, bueno… aunque en el fondo, seguramente sucedía lo contrario. Los meses pasaron, los años pasaron, hasta que llegó el día en que los amigos se convirtieron en novios y los novios planearon la fecha de su boda, ¡30 de noviembre del 2002!

No, pues ahí si, tenía que hacer algo y como toda novia quería estar estar en mi mejor forma el gran día; fué así como el movimiento regresó a mi vida, comencé a hacer bicicleta estacionaria todos los días, media hora diaria (viendo el resumen de Big Brother VIP) y los resultados fueron llegando poco a poco, un kilo menos por mes, hasta que logré mi mejor peso en tooooda mi vida adulta, 62 kilos.

Nada más bastó con irnos a la luna de miel y OMG (llegamos al paraíso de todo aquel que le fascina la comida, un Exclusive All Inclusive), 2 kilos más, sólo por una semana de permanecer ahí, pero saben, tampoco ¡me importó!, yo estaba feliz, comiendo camarones, papas a la francesa, cortes de carne, papas a la francesa, hamburguesas, papas a la francesa, pastel de plátano, pescados, spaguetti, papas a la francesa, carnes frías, quesos, helados, ¡ah! y papas a la francesa con muuucho queso. ¿Porqué será que asocio las papas a la francesa, siempre con nuestros aniversarios?, ja, ja, ja. ¡Amo las papas a la francesa!

De recién casados, las rutinas de bici poco a poco desaparecieron hasta convertirse en nada, pero lo mágico del ejercicio es que el cambio que se logra a diferencia de las dietas, es de larga duración… así que lo acepto, me confié.

Mi hermano seguía con sus épocas de Sport Billy, y en una de esas, nos invitó a ir a verlo en la carrera de MVS. Wow! me encantó el ambiente y desde ese momento supe que yo quería vivir esa experiencia, fue entonces cuando comenzamos a correr a la salida del trabajo, no me gustaba, me aburría bastante, así que decidimos hacerlo más divertido, nos compramos un par de ‘walkmans’, diseñé nuestros casettes con música fitness y a correr…

Me seguía costando trabajo, no me gustaba del todo, pero yo quería correr una carrera, así que nos inscribimos a la 1ra carrera Televisa en el 2003.

Me encantó la experiencia, obtuvimos nuestra primera medalla ¡en la vida!, ‘ambos-dos’, mi esposito y yo (con todo y que él siempre, pero siempre había sido un Sport Billy en toda la expresión de la palabra, fútbol soccer, americano,  basket, correr y cuanta actividad se le pusiera enfrente, quién lo diría, un hiperactivo con una sedentaria, haciendo equipo… por cierto, en aquel entonces fue cuando nació oficialmente el equipo SATO, ¿qué tal eh?), fue una emoción padrísima, así que repetimos la experiencia  entre el 2003 y el 2006, al menos en unas 12 carreras, jamás teniendo un entrenamiento  como dios manda, es más en lo general éramos muy irresponsables, nos inscribíamos por el simple hecho de ir y ya, evidentemente nunca corrimos los 10K en menos de una hora. Bueeeno y el ‘outfit’, ja, ja, ja… sin palabras.

Después de esos años, el sedentarismo regresó y se apoderó de nosotros, la báscula lo había soportado bastante… hasta que un día, pues fue inevitable subir de nuevo de peso, yo me tiré al drama y me resigné a dejar mis días gloriosos fitness, seguir comiendo y con algo más que siestesitas, de verdad prácticamente me dediqué a hibernar. Toño en el 2010 se reveló, comenzó a entrenar solo y corrió su primer maratón.

A mediados de ese mismo año, en el 2010, me compré los tenis Step Gym y comencé a caminar (¡sí, no se burlen, es neta!) y a bajar unos cuantos gramitos (evidentemente porque caminaba, no por el simple hecho de ponerme los tenis y seguir durmiendo ¡eh!), fuí porra de Toño y seguí caminando, era evidente que ahora sí quería bajar de peso, recuperar la agilidad y sobre todo ¡las ganas de vivir!

Y bueno… como ya les había platicado por acá, mi primer carrera en ésta segunda temporada fue la de Starbucks, y de ahí hasta este momento.

En resumen, la constante, el motor, el motivo que me hizo iniciar en el mundo fitness en todas mis etapas, fue el bajar de peso, ponerme en forma, me sacrifiqué y logré resultados, sin embargo el deporte nunca lo disfruté como cuando era niña, dejé de divertirme.

Lo increíble es que en ésta última ocasión, al ya tomar más en serio las rutinas, hizo que se me olvidara lo del peso y me concentrará en lograr los verdaderos objetivos, cruzar las metas, superar los kilómetros, correr mis primeros 10K en menos de 1hora, correr mis primeros 15K, mi primer medio maratón, ¡mi primer maratón! Ahora, el ciclo se repite, las ganas de ir venciendo mis propios tiempos lo hace más emocionante, el dolor sigue, nunca lo he disfrutado, la pereza existe, pero las ganas de vencerme aunque sea por un segundo, le ganan la batalla, las siestesitas y las comilonas siguen formando parte de mi vida y las sigo disfrutando ¡enormemente!, pero ahora en verdad son un regalo delicioso. El deporte, las carreras, han llegado a mi vida, lo disfruto, me divierte, me reta… y ¿saben una cosa?, cuando el motivo de bajar de peso dejó de importarme y me enfoqué en los resultados de mis carreras, tuvo una agradable consuecuencia, ¡bajé de peso! y sí, sin proponérmelo, eso ya dejó de ser lo más importante.

Así, que ahora me declaro oficialmente deportista, pero una deportista que le sigue gustando el dormir, y por el momento más que identificarme con un chita, sigo siendo prefiriendo los osos y los gatitos. ¡Amo dormir y comer!, (las papas a la francesa)… y ahora también ¡correr! y sus maravillosas consecuencias.

¡Uff, terminé!

Pd. Y de tooooda esta historia, resulta una asignatura pendiente, darle una vuelta completita al Bosque de Aragón. ¿Ahora si podré? ¡Claro que sí!

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